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7 años
Si el hombre es 5, entonces #666...
Lunes, 25 de Enero de 2016 699 Karina Cabrera 0

Si el hombre es 5, entonces #666...

 

Alguna vez Kurt Cobain declaró que el disco ‘Nevermind’ de Nirvana no hubiera llegado a ninguna parte si no hubiera existido ‘Doolittle’ de Pixies. La furia salpicada de punk y reflexiones surrealistas fueron la pauta para la escena independiente subterránea, que desde entonces ha alcanzado la superficie para hipnotizarnos con maestría. Simplemente los Pixies cambiaron el rock de los 90, a pesar de que el grupo no logró superar sus propios conflictos.

 

Doolittle’ incluyó catorce excelentes canciones, sin embargo la que ilustraba mejor la música de los Pixies sin duda es ‘Monkey Gone To Heaven’, que sin ningún problema puede mostrarse simple y enigmática. El corte es una mezcla perfecta entre guitarras pop que se cruzan sin avisar hacia las texturas punk y surf, mientras que una voz femenina en segundo plano afirma las palabras de Black Francis. La voz de quien se convirtiera después en Frank Black flota como en una conversación, que poco a poco va subiendo de tono hasta alcanzar dolorosos alaridos.

 

La marca de los Pixies se deja sentir a través de la guitarra de Joey Santiago, poniendo el toque agresivo que sustenta las enigmáticas letras y la estridencia de Francis. La parte sutil queda a cargo de Kim Deal, enlazada con el ritmo pausado y consistente de David Lovering en la batería. ‘Monkey Gone to Heaven’ es una compresión de reverberaciones y retroalimentaciones cargadas de la formula esencial de la banda: canciones directas que asientan sus bases en lo simple y rápido, que algunas veces permite la entrada de un riff de guitarra y el aguardiente pasando a través de la garganta de Black Francis.

 

Gran parte de ‘Monkey Gone To Heaven’ habla sobre un gran desastre ecológico, que tal vez no puede percibirse por las particularidades de la voz de Francis. Las primeras líneas muestran a “un hombre subacuático” que es asesinado en medio de fango y desperdicios, una metáfora clara sobre la contaminación de los océanos. La segunda parte aborda directamente la capa de ozono perforada (“ahora hay un agujero en el cielo”) de la mano del calentamiento global ("si la tierra no se enfría, todo se quemará"). Como si predijera un futuro no muy lejano, cada estrofa cierra con la lamentación “éste simio se fue al cielo”.

 

El gran enigma de ‘Monkey Gone To Heaven’ surge en la tercera parte del corte, cuando emerge una especie de orden divino: “si el hombre es 5, entonces el diablo es 6, entonces Dios es 7”. Según explicó Black Francis, las frases son una “referencia a la numerología hebrea... Sólo recuerdo que alguien me dijo que era un dato del lenguaje hebreo. Especialmente en la Biblia, puedes encontrar un montón de referencias... no sé si es una jerarquía espiritual. Es un dato puro, es un dato”.

 

Algunos de los seguidores de Pixies, que no se conformaron con la explicación del vocalista, dicen que las enigmáticas frases están relacionadas con la numerología satánica de Draconis Blackthorne, quien dice que el número siete fue asignado a Jehová y el número seis (claro que repetido tres veces) es el número de la bestia. El cinco está relacionado con el Pentagrama, símbolo de la voluntad del hombre, que puede dominar con su espíritu el mal, al que es asignado el número cuatro. De cualquier forma que observes esos últimos versos, los números no tienen nada que ver con el resto de la canción, parece una referencia cabalística que sonaba fresca y provocativa. Obviamente funciona muy bien en el contexto general de ‘Monkey Gone To Heaven’, que ya es considerado como uno de los cortes más exitosos de la escena independiente.

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